Mientras más se dispersa una ciudad, más infraestructura tiene que recorrerla
Expandir una ciudad hacia afuera no sólo abre suelo para nuevas viviendas. También obliga a llevar agua, drenaje, electricidad, calles, transporte, recolección de residuos y servicios a territorios cada vez más extensos. El costo no termina al construir esas conexiones: después hay que operarlas, repararlas y mantenerlas durante años. La distancia y la baja densidad pueden convertir suelo aparentemente barato en una ciudad más costosa de sostener.



